ARTEMIO ESTRELLA

quo vadis?

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Puta santa

Publicado por Artemio Estrella on Marzo 14, 2008

PecadoPor qué te resististe, cuál es la medida de tu pecado. Tan solo deseaba eso, no más. Pero no, no quisiste ser participe de mi obra. ¡Te creíste una santa!, ¡si eres una puta!

Cuál es la diferencia, ahora esperaría que me lo dijeras, ¡pero que estúpido!, ahora quiero pedirte explicaciones.

Tú, tú que hacías hombre al jovencillo, que acompañado de su “padrino” te entregaba su inocencia. Tú que te vendías por unas cuantos gotas de sudor y que con sudor remojabas tu piel y tus entrañas; con ese sudor mal oliente, transpirado por borrachos taverneros. Mujer nocturna, amante de ángeles endemoniados. Tú, que siendo una puta cualquiera, te creíste la mejor de las hijas del Creador.

Día con día pecaste, noche tras noche maldejiste a tu Dios con tus acciones. Tu vida fue la razón de que tu dios haya muerto. ¡Es por eso que no entiendo!

Y ahora aquí me tienes, con este manto sagrado que rechazaste, con un abre cartas ensangrentado, con una prostituta santa en el suelo. Con la ilusión de encontrar a una mujer más perra que tú, que se atreva a cumplir mi fantasía: que se vista de la Virgen María, que permita ser ungida en aceite bendito y acepte que me la fornique, personificando al mismo Jesucristo. Incesto divino, esa es mi fantasía, ¿es mucho pedirle a una maldita mujer de la calle?

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El vino

Publicado por Artemio Estrella on Octubre 5, 2007

Estaba el dios Baco dando un paseo por la Tierra, cuando por el camino se encuentra una parra de uvas. El dios tomó un racimo del fruto de la parra y las comió. La parra se secó a consecuencia de haber sido tocada por un dios. El dios se entristeció por lo sucedido y comenzó a llorar lágrimas de vino. Ariadna, que casualmente caminaba por allí, encontró al dios Baco llorando y esta enjuagó sus lágrimas con los labios. Sin darse cuenta, Ariadna terminó embriagada de amor por el dios Baco y él también por besarla. A causa de ello, el dios del vino tomó como esposa a Ariadna.

Dicen que el dios Baco enseñó a los hombres el secreto para preparar el vino. Pero también les advirtió sobre la delgada línea entre la felicidad y la estupidez, que se da al consumirlo. No se sabe si el dios Baco se casó por cuestión de felicidad o por estúpido.

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Católicas por el derecho a decidir

Publicado por Artemio Estrella on Abril 24, 2007

Y entrando el ángel Gabriel en donde María estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Cuando María le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. Entonces María dijo:

Mi alma está quebrantada;
Y mi espíritu llora por la carga que Dios me ha encomendado.
Porque ha comprometido la libertad de su sierva;
Pues he aquí, desde ahora todas las generaciones me dirán la desdichada, la sufrida.
Porque me ha hecho esto el Poderoso;
Impronunciable es su nombre,
Y su carga es de generación en generación
A los que le sufren.
Hizo proezas con su brazo;
Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos,
Y a los humildes, nos hace esto.

Y llegada la noche, María salió a escondidas de casa de Elisabet; y aconteció que al llegar al río Jordán, María sacó de entre sus ropas una raíz, y la tragó. Y sucedió que el vientre de la virgen comenzó a retorcerse, y María gritaba al Dios Todopoderoso: no es mi deseo seguir manteniendo esta carga, mi Señor. Y en compañía de la oscuridad que ofrecía una Luna nueva, María abortó.

Y entonces, un espíritu que descendía de la Luna como lechuza, se posó sobre el feto y se lo comió.

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Un mal sueño, entre la pistola y… la metralla

Publicado por Artemio Estrella on Abril 23, 2007

ArmasAnoche me soñé en una calle desconocida. Era de madrugada, lo intuí pues el ambiente estaba en plena oscuridad y silencio, aunque tal vez el silencio era tan solo una consecuencia. Sabía que no debía estar allí, pero no conocía el rumbo, por tanto ¿a dónde ir?

Observé gente armada en una esquina, ahora entendía el por qué del silencio. Ellos se veían tranquilos, despreocupados ¿cómo podían lograr tal estado de calma?. En cambio yo ya sabía a dónde ir, a cualquier parte excepto hacía donde ellos.

Caminé al lado de una barda muy larga, tratando de pasar desapercibido, mi miedo me provocaba errar el paso. Me costaba alzar la mirada. De reojo pude ver que se acercaba un comando armado. ¿Qué hacer?

Nada, petrificado, inmóvil. Solo en una calle desconocida, en un lugar sin luz, en un silencio de miedo. Solo, entre la pistola y la metralla.

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Pasado, Presente, Futuro

Publicado por Artemio Estrella on Abril 6, 2007

Futuro

Tu pasado fue un experimento;

tu presente es el crisol de las oportunidades;

tu futuro es incierto para mí y para los demás, solo tú tienes la certidumbre de lo que te sucederá.

Ten fe en ti.

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Caminando en tierra viva

Publicado por Artemio Estrella on Marzo 30, 2007

Cuerpo

Estando yo ubicado
en la esfera de tus pensamientos,
vino a mí la idea
de recorrer tus firmamentos.

 

Empecé por ver tu alma
reflejada en dos hermosos espejos;
me alimenté de tu aliento, fortalecí mi alma
con tan solo un beso.

 

Caminé y llegué al puente
que se conecta a tu cuerpo,
desde ahí observé dos montes
tan iguales, tan perfectos.

 

Subí a uno de ellos,
hasta llegar a la cima;
después exploré su gemelo,
y en los dos sentí tu vida.

 

Caminando en tierra viva,
alimentando mis pasiones me encuentro:
¿quién soy yo para explorarte?,
¿y quién eres tú para instarme a hacerlo?

 

Caminé por un desierto
que se estremecía a mi andar;
a cada paso que daba,
temblores y voces encontraba.
Y de esa tierra emanaba agua y sal.

 

Deliberadamente me extravié,
para caminar aun más por esa tierra.
¿Qué la hace estremecer?, me pregunté,
¿serán mis pasos, será mi boca hambrienta?

 

Sentí tu deseo, encontré tu pasión,
provoqué en ti las ansias de sentir mi calor;
miré hacia el sur y apresuré mi andar,
me hundí en tu calor y entendí de ti lo que es amar.

 

Inmerso estuve en tu humedad,
explorando en esa tierra viva
de donde emana agua y sal,
temblores y voces de ansiedad.

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El iPod

Publicado por Artemio Estrella on Marzo 29, 2007

iPodPiensa en esto: cuando te compras un iPod te compras un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te compras solamente el iPod, como algo que mereces y esperando que te dure porque es de buena marca, un iPod con 60 GB de espacio en disco duro; no te compras solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la bolsa y pasearás contigo. Te compras -no lo sabes, lo terrible es que no lo sabes-, te compras un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su funda como un apéndice dentro de tu bolsa. Te compras la necesidad de darle batería de vez en vez, la obligación de darle batería para que siga siendo un iPod; te compras la obsesión de obtener esa canción de moda que escuchas en la radio, en el anuncio de televisión. Te compras el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te compras su marca, y la seguridad de que es una mejor marca que el Zune de Microsoft, te compras la tendencia de comparar tu iPod con los demás iPods. No te compras un iPod, tú eres el comprado, te ofreces a ti mismo como un artículo del iPod.

Adaptación del preámbulo a las “Instrucciones para dar cuerda al reloj”, de Julio Cortázar. La idea me vino después de leer el post de Luis López: Yo pienso diferente.

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Ver para creer

Publicado por Artemio Estrella on Marzo 16, 2007

Imagina que vives en una cueva en total oscuridad, allí has estado desde tu nacimiento, no conoces nada más. Y el premio por disfrutar tu estancia en la cueva, es salir de ella algún día.

Llega ese algún día y sales de la cueva que te esclavizaba, esclavizaba parte de tu sentir, te privaba de una porción de la realidad.

¿Es acaso ese plano abierto, fuera de la cueva la realidad? O ¿es solo la forma en que percibimos a la realidad?

¿En realidad el color verde, es verde?

Dice la ciencia que los perros ven en blanco y negro, la estructura de sus ojos no es capaz de descomponer la luz como lo harían los nuestros. Los toros no distinguen entre un capote rojo y un azul marino.

Algunos piensan que las águilas tienen aumento en sus ojos, pero no es así. Los ojos de las águilas descomponen la luz en mayores frecuencias, por tanto ven una mayor gama de colores.

La realidad allí está, nuestras percepciones no nos dan cuenta total de la realidad. No podemos oír todo lo que un perro es capaz, ni tampoco oler.

Pasan los años y la tecnología se miniaturiza cada vez. Llegará el día en que no sea necesario un trasplante de corneas para que algunos ciegos puedan ver, ya habrá ojos electrónicos con mayor resolución que los humanos. Incluso existirán personas que desearan cambiarse de ojos, para así poder ver la misma realidad pero en diferente perspectiva.

Que fantástico sería poder ver a detalle las facciones de una persona a cien metros de distancia. En la noche se podrían configurar los ojos para tener visión nocturna y en días de intenso sol, eliminar la saturación lumínica.

Nuestros sentidos solo nos hablan de una parte de la realidad. ¿Habrá algo más que no conozcamos?, Algo que está allí pero no podemos percibir, porque tal vez no tengamos ese sentido necesario para detectarlo.

Tal vez, nuestro cuerpo sea esa cueva, esa cueva en la que estamos encerrados y si aprovechamos los recursos que se nos han dado, posiblemente algún día se nos permita salir de ella.

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Quiero ser…

Publicado por Artemio Estrella on Febrero 25, 2007

R�o y Mar

Quiero tener alas de águila,
para volar sin rumbo fijo
y ser libre como tanto lo ansío.

 

Quiero ser parte del río,
para correr al mar abierto
y perderme hasta llegar al cielo.

 

Talvez no tendré alas de águila
y no seré parte del río,
pero si podré luchar
para trazar mi destino.

 

Talvez no tendré alas de águila
y no seré parte del río,
pero si puedré ser libre,
como tanto lo ansío.

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Miedo a las palabras largas

Publicado por Artemio Estrella on Febrero 20, 2007

Palabras–Doctor, la razón de mi visita es, es…– el paciente se muestra temeroso, desconfiado y algo avergonzado.

–Si digame, lo escucho– interviene el médico psiquiatra con aquella frialdad y simulación de falta de interés.

–… es que tengo un miedo, que digo miedo, terror a pronunciar palabras largas y complicadas.

–Entiendo, usted lo que padece es de hipopotomonstrosesquipedaliofobia. Se trata de una fobia o miedo irracional a pronunciar palabras grandes o complejas, pero eso tiene solución, no se preocupe.

–¡Qué tengo hipoppotppopoootom…! ¡oooh! ¡aaggh!

El paciente cayó al suelo, causa de un infarto agudo de miocardio, murió de terror. El médico sólo se limitó a decir:

–Pensé que lo resistiría.

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¿Qué importa?

Publicado por Artemio Estrella on Enero 30, 2007

–Hace tiempo que no veniamos a tomar el café, cuando éramos socios nos reuniamos con frecuencia en este restaurante; ¡qué tiempos aquellos!, ¿lo recuerdas?– Le recordaba Ignacio a Roberto, seguido, Ignacio bebía una taza de café americano.

–Claro que lo recuerdo, eran otros tiempos, otr…– El prolongado frenado de un automovil interrumpió la tranquilidad del restaurante. Silencio, espera, espectación. No pasa nada, todo igual. — … digo, eran otras circunstancias, todo cambia para bien.

–Es extraño, ¿por qué cuando un automovil frena, todos esperan una colisión?

–Sí escucho el frenado de un auto, no espero un choque, es absurdo.– En cambio Roberto acompañaba la plática con una taza de té negro y su inseparable pipa de roble.

–Me vas a decir que esperas que no choque, que alma tan noble la tuya.

–Creo que no me entiendes, no espero nada, mientras no sea yo el afectado, lo que suceda ¿qué importa?. Pero bueno ¿qué tal tu café?

Nuevamente la serenidad del restaurante se ve interrumpida, está vez una rafaga de balas. Gritos, larga espera, ganas de no ser espectador. De pronto, todo había cambiado.

Roberto, que instintivamente se había arrojado al piso, se levanta, voltea a los alrededores; encuentra que Ignacio está en el suelo tirado, él era el objetivo.

–Espero que tu café haya estado bueno– dijo Roberto en voz baja –aunque ahora, ¿qué importa?

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En el principio

Publicado por Artemio Estrella on Enero 24, 2007

En el principio fue la Oscuridad y el que Es –como se llama así mismo la Oscuridad– con su pensamiento creó a una entidad llamada Luz. Luz se convirtió en el portavoz del que Es y se le encomendó hacer todas las cosas.

Fue así como Luz lanzó una chispa, una chispa con leyes y reglas para la autocreación de objetos animados y autónomos; así es como se creó el universo, los soles, los planetas y la vida. Esto no era suficiente para los planes del que Es, así que le ordenó a Luz crear un ser semejante a ellos.

En un momento en el tiempo, Luz envolvió a Tierra. Tierra es la más bella de los desprendimientos de la chispa, la elegida de Luz. Tierra en ese tiempo era salvaje, voluble y temperamental, y sabía que se había convertido en el deseo de Luz. Desde entonces, Luz comenzó también a ser nombrado Amor.

Amor, con su gran falo de fuego penetró a Tierra; Tierra se vio sacudida e invadida tan de pronto, hubo terremotos, erupciones e inundaciones, especies desaparecían y aparecían nuevas en tan solo algunos segundos de tiempo universal. La lindura de Tierra cambió en esos momento, toda su hermosura se transformó en belleza erótica, causa del fuego que después se conoció como pasión. Tierra tuvo un estallido orgásmico que causo su división y Amor derramó en ella chorros eyaculatorios ardientes que fertilizaron a Tierra. De la semilla de Luz y el poder dador de vida de Tierra, nació lo que conocemos como Conciencia; un ser nacido del magma y moldeado por las manos de Luz cuando fue lava.

Fue así como nació un maravilloso ser, aquel que fue la primera conciencia que caminó sobre la faz de la Tierra. Aquel ser al que se le denominó: Hombre.

Amalgama entre dos relatos anteriormente publicados:

En el principio I

En el principio II

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La obra maestra de Dios

Publicado por Artemio Estrella on Enero 24, 2007

Dios

Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo. Y contempló Dios su creación, y se regocijó en ella, pues toda la divina perfección de su Ser había quedado plasmada en esta. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó. Cuando Dios hubo dádose cuenta que su creación ya no lo necesitaba, dijo: Consumado es. Y habiendo cerrado los ojos, murió.

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En el principio II

Publicado por Artemio Estrella on Enero 5, 2007

En un momento en el tiempo, Luz envolvió a Tierra; Tierra en ese tiempo era salvaje, voluble y temperamental, y sabía que se había convertido en el deseo de Luz. Desde entonces, Luz comenzó también a ser nombrado Amor.

Amor, con su gran falo de fuego penetró a Tierra; Tierra se vio sacudida e invadida tan de pronto, hubo terremotos, erupciones e inundaciones, especies desaparecían y aparecían nuevas en tan solo algunos segundos de tiempo universal. La lindura de Tierra cambió en esos momento, toda su hermosura se transformó en belleza erótica, causa del fuego que después se conoció como pasión. Tierra tuvo un estallido orgásmico que causó su división y Amor derramó en ella chorros eyaculatorios ardientes que fertilizaron a Tierra. De la semilla de Luz y el poder dador de vida de Tierra, nació lo que conocemos como Conciencia; un ser nacido del magma y moldeado por las manos de Luz cuando fue lava.

Este ser fue la primera conciencia que caminó sobre la faz de la Tierra, un ser que nació de la unión de lo espiritual con lo material.

Un complemento de este relato o narración:

En el principio I

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La Mujer y la Luna

Publicado por Artemio Estrella on Diciembre 29, 2006

Luna

Cuando Dios creó al hombre, lo hizo con polvo que tomó de la Tierra.

Dicen los viejos, más viejos que los viejos, que la mujer fue creada con la costilla del hombre. La realidad no fue así. Lo cierto es que Dios creó a la mujer con polvo de Luna.

Por eso cuando los hombres enamoramos a nuestra mujer, nos inspiramos con la Luna, pues en ella percibimos la escencia misma de su feminidad y su belleza.

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En el principio I

Publicado por Artemio Estrella on Diciembre 19, 2006

En el principio fue la Oscuridad y el que Es –como se llama así mismo la Oscuridad– con su pensamiento creó a una entidad llamada Luz. Luz se convirtió en el portavoz del que Es y se le encomendó hacer todas las cosas.

Fue así como Luz lanzó una chispa, una chispa con leyes y reglas para la autocreación de objetos animados y autónomos; así es como se creó el universo, los soles, los planetas y la vida. Esto no era suficiente para los planes del que Es, así que le ordenó a Luz crear un ser semejante a ellos.

Luz fornicó con Tierra. Tierra es la más bellas de los desprendimientos de la chispa, la elegida de Luz. De la fornicación nació un ser al que se le denominó Hombre.

Un complemento de este relato o narración:

En el principio II

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¿Quién es dios?

Publicado por Artemio Estrella on Diciembre 11, 2006

– Sus últimas palabras antes de morir — le dijo el juez a Mateo, segundos antes de que sobre Mateo cayera la afilada y pesada sentencia.
– ¡Lo único que deseo decir y preguntar! — gritando dijo — ¡Se me acusa de haber ofendido al Visitador y Portador de la Fe por tan solo decirle que es estúpido creer en dios y peor aún, en su existencia! ¡Todos ustedes me ofenden por su estupidez! ¿los puedo yo acusar a todos por ofender mi creencia en la no existencia de un ser divino?

Con una señal cayó la rigurosa sentencia sobre el cuello de Mateo. Todos se regocijaban y alababan a Dios; el Visitador y Portador de la Fe respiraba tranquilidad; el juez se secaba el sudor de la frente. Un niño se aferraba a la falda de su madre, mientras por su cabeza revoloteaba una pregunta insistente y punzante: “¿Quién es dios?”

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Luces en el agua

Publicado por Artemio Estrella on Noviembre 28, 2006

La Navidad estaba cerca y no era nada prometedora. Tenía entonces ocho años, a tan escasa edad ya comprendía muchas cosas, talvez demasiadas. Mi padre se había quedado sin empleo justo iniciado el mes de diciembre; ¿saben lo que significa perder el trabajo en el mes de la navidad?, Yo lo entendí en ese entonces, aunque de una manera errónea. Entendía que la navidad no significa nada, cuando un calentador de agua sin gas le hace frente a un invierno frío. Mis padres habían migrado a esta gran ciudad desde jóvenes, se conocieron en la Universidad y el futuro parecía prometedor. Ambos eran de ciudades muy pequeñas dentro del país, mi madre provenía de un pueblo mucho más chico que el de mi padre. Ese año no había sido bueno para la familia, mi madre no trabajaba, las vacantes escaseaban y los pocos empleos eran mal pagados. La vida en la gran ciudad, era en la misma medida, cara.

Una mañana, recibimos una llamada. Era mi abuelo, el padre de mi mamá. El abuelo no acostumbraba hablar a casa, mi madre siempre lo llamaba a él, pero al abuelo le pareció extraño no recibir llamada en las últimas dos semanas. Recuerdo que ese día era miércoles y faltaban cinco días para la navidad. Mis padres eran orgullosos y en especial mi madre, así que ella se inventó mil excusas para no decirle al abuelo que la estábamos pasando mal; solo que el abuelo, con su amor de padre intuía en su corazón lo que estaba pasando, sin embargo no dijo nada, se limitó a enviar saludos a mi padre y a mí, y terminó la llamada. A mí me pareció extraño, me dolió un poco que mi abuelo no quisiera hablar conmigo, pero fui fuerte y no reclamé, ni lloré, no mencioné palabra alguna.

¡Pero en la noche de ese mismo día, alguien tocó a la puerta!, Mi corazón latió como nunca, sabía quien era; en mi mente hubo respuestas inmediatas: mi abuelo había terminado la llamada de la mañana, porque la prontitud por reconfortar a su familia lo apremiaba. Corrí hasta la puerta y la abrí, ¡lo sabía, era mi abuelo!

– ¡Abuelo, abuelito! – lo abracé y lo besé, con mucha emoción
– ¡Hola hijo!, ¿Cómo ha estado mi retoño de roble? – mi abuelo siempre me llamaba así, aunque lo cierto es que él si era como un roble, viejo, pero fuerte y grande
– Bien abuelito, bien – en ese momento llegaba mi madre, sorprendida por la llegada de su papá.
– ¡Pero qué haces aquí! – mi madre reflejaba una gama de sentimientos en su cara, extrañeza, alegría, tristeza, nostalgia. Lo abrazó fuerte y lo besó, por instantes dejé de ver a la madre y en lugar de ello observé a la hija, era como una niña que necesitaba de su padre. El orgullo se había borrado del corazón de mi madre y junto con ello unas lagrimas refrescaron su angustia.
– Vengo a llevármelos al rancho, a pasar la Navidad en el campo, la puerca está por dejar a unos marranitos y haremos algunos en barbacoa, junto con un par de guajolotes en mole y algunos cabritos. No tienen pretexto para no ir, ya estoy aquí y en este mismo momento nos vamos; por cierto ¿dónde está tu marido?
– Él salió a dejar unos resúmenes de trabajo, pues lo despidieron, pero seguro que no tardará en conseguir un buen empleo.
– Pues ya buscará trabajo el próximo año, porque el resto del mes se van a quedar en mi casa, tu madre está entusiasmada con la idea y ya está preparando todo. Que tu marido conduzca hasta el pueblo, yo estoy cansado de conducir todo el día.

El viaje desde la ciudad hasta el pueblo de mi abuelo, era de al rededor de unas ocho horas en auto. Yo estaba deseoso de que papá regresará para poder irnos. La familia de mi madre eran personas muy humildes, con esto no me refiero a que fueran pobres, sino que tenían solamente lo que necesitaban y no requerían más. Mi abuelo tenía su granja de animales y su campo de cultivo, comerciaba algo de lo poco que producía y con eso era más que suficiente para vivir tranquilamente. Además, a lo largo de sus años, había ahorrado lo suficiente para su vejez.

Por fin papá llegó, se alegró de ver a su suegro y también le causó algo de sorpresa, lo saludó efusivamente, mi abuelo le dio un buen apretón de manos y una palmada en la espalda. Después de platicar un rato, tomar café y yo de no parar de abrazar a mi abuelo, mientras mi mamá se dedicaba a preparar las cosas para el viaje. En el tiempo previo a salir, se sentía una calidez en la casa, talvez la alegría que vino a traernos el abuelo nos despertó un poco e incluso el futuro se percibía diferente.

Iniciamos el viaje en la vieja camioneta van del abuelo, yo me senté atrás con él, mi padre conducía y mi mamá lo acompañaba. Yo estaba tan tranquilo que el sueño me invadió tan de pronto. Antes de quedar dormido completamente, hice una oración en silencio, tan solo le di las gracias a Dios por traernos una luz en la oscuridad, le dije que no esperaba nada más, todo estaba dado. Me dormí y no supe nada más de mí, hasta llegar al rancho, donde me esperaba algo inolvidable.


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Cuándo por fin llegamos a casa del abuelo, ¡fue todo como un golpe de alegría!, Estaban allí tíos y tías, primos que no había visto desde un par de años y primitos chiquitos que yo no conocía, los abuelos habían preparado todo con tiempo y allí estaba toda la familia de mi madre; hubo abrazos, besos, llanto de alegría, hasta mis padres se veían más jóvenes, descargados de presiones y yo me sentía un niño afortunado de tener a tan linda familia. Pronto todos los primos me llevaron a pasear por la granja, a ver a los animales, a jugar y a correr por las praderas. Ese día fue genial, lo disfruté mucho, pero no duró, rápidamente cayó la noche, pero no importaba porque quedaban muchos días más. Esa noche volví a dar gracias a Dios, platiqué un rato con él y le dije nuevamente que no necesitaba nada más. A la mañana siguiente, la abuela nos despertó con el espeso olor de un pastel recién horneado y chocolate espumoso. En instantes, la mesa de la cocina estaba rodeada de niños goloso esperando su porción de pan y su taza de chocolate.

– Desayunen bien, porque le tienen que ayudar al abuelo a pizcar maíz – nos recomendó la abuela. En el rancho del abuelo no hay privilegios, todos tenemos que contribuir de una manera u otra mientras estemos allí, la pereza es algo que el abuelo no soporta.
– ¡Bien, vamos a pizcar maíz!, ¡Y después le decimos al abuelo que nos lleve para el río! – gritó uno de mis primos de emoción, el mayor de todos. Cerca del rancho, hay un río muy grande, tupido de grandes árboles de sabino. Es tradición que ir al río no es un simple paseo; ir al río implica hacer un festejo, con razón de nada, solo por ir al río.
– Bueno, si convencen a su abuelo de ir al río, yo voy a preparar pan de maíz para comer mientras está la cena – a mi abuela le entusiasmó mucho la idea, el río era el lugar ideal para “comadrear” con las hijas y nueras, mientras los hombres preparaban la cena.

Terminando de desayunar, todos los primos fuimos corriendo hacía las bodegas de maíz, el abuelo ya estaba allí trabajando junto con algunos de los tíos. Inmediatamente el primo mayor abordó al abuelo.

– Abuelo, dice la abuela que vamos a ir al río, y ella va a preparar pan de maíz y otras cosas – nada mejor que la astucia de mi primo para convencer al abuelo de hacer el paseo, aunque el abuelo no requería de tal astucia
– ¡Al río eh!, Por mucho que haya dicho la abuela, sino trabajan no hay río – inmediatamente allí estábamos todos los primos trabajando, unos pizcando el elote y los más grandes desgranándolo, otros recogiendo el rastrojo y apilándolo. Mientras, el abuelo le daba indicaciones a uno de mis tíos que escogiera tres cabritos para la cena en el río.

El trabajo era duro para un niño de ciudad, mis manos estaban ampolladas, pero no importaba porque la recompensa era grande. Eran las dos de la tarde cuando terminamos, nos organizamos para ir al río. Algunos tíos traían sus camionetas, otros iban a ir montando a caballo. Yo por supuesto preferí ir montando a caballo con uno de mis tíos. Cuando llegamos al río, el aire se sentía un poco frío, los rayos del sol no alcanzaban a penetrar completamente por la espesura de los árboles que todavía no perdían las hojas, se escuchaba el trinar de los pájaros y se respiraba frescura.

– Bueno niños, vamos a dar un paseo – el abuelo es un hombre que jamás está quieto, siempre tiene que hacer algo; además de que nos gusta dar ese paseo por el río, porque el abuelo siempre nos cuenta historias y no es aburrido, nunca cuenta lo mismo.
– ¡Sí, vamos! – gritamos todos entusiasmados.

Allí íbamos todos detrás del abuelo, escuchando sus historias. El tiempo no se sentía y la fatiga no llegaba, caminamos por mucho tiempo en contra del sentido de la corriente; yo tenía poco más de cinco años cuando fui al río por última vez, que yo recuerde, y no recordaba mucho acerca de lo que podría encontrar en él. El agua era cristalina, se veía incluso el fondo, parecía tan cerca el fondo del río, pero era engañoso porque en realidad era muy profundo. De momento, al doblar en una ligera curva en el camino, como en una fotografía de postal observé como los rayos del sol iluminaban una parte del lugar; era como una lluvia de sol sobre las sombras. Corrí hasta el lugar donde caían los rayos y quede asombrado, el lugar donde caían era como una pequeña bahía, no medía más de treinta metros en su parte más larga y sus aguas estaban placidas, casi sin movimiento. En las aguas, había algo que no me permitía cerrar los ojos, unos destellos hermosos se movían en lo profundo, eran como una especie de soles que resplandecían, a veces poco, a veces mucho; sus movimientos parecían asimétricos, pero con un cierto orden. De pronto mi corazón latía fuerte, me llené de alegría y paz, y esas estrellas brillaban cada vez más. De un momento a otro salí de una especie de trance, desperté y les dije a todos:

– ¡Vengan, vengan todos!, ¡Miren lo que estoy viendo!, ¡Son lucen en el agua! – estaba feliz, y brincaba, y reía, y gritaba “¡vengan, vengan a ver las luces en el agua!”

Todos los primos pequeños corrieron hacía mí, los grandes solo aceleraron el paso un poco y mi abuelo con una sonrisa seguía caminando a su paso.

– ¿Cuáles luces? – gritaban entusiasmados mis primos.
– ¡Esas, las que están en el fondo! – mi alegría no cesaba.
– ¿Dónde están esas luces? – preguntaron mis primos mayores.
– ¡Allí, miralas! – todos los primos miraron con atención, hubo silencio por un rato, hasta que alguien alzo la voz.
– Son solo peces plateados – el primo mayor de tajo rompió el encanto, eran peces plateados tan solo, simples peces plateados.

Pero los más chicos siguieron admirándolos con emoción, yo ya no tan emocionado les seguí poniendo atención. Ahora si, ya no veía esos soles radiantes, tan solo miraba a un conjunto de peces plateados en el fondo del agua.

– Muy hermosas luces en el agua – dijo el abuelo. El abuelo tenía una forma tan sabia de decir las cosas más simples, dándole a las palabras el tono adecuado, él si comprendió lo que yo sentí en ese momento.

El resto del día siguió siendo divertido, jugamos, bailamos, comimos, cenamos, los mayores bebieron vino y en la noche hicimos una gran fogata. El abuelo cerraba el día con un repertorio de buenas historias.

De regreso a la casa del abuelo, antes de dormir oré un poco diciéndole a Dios: gracias por lo que me has dado, me has hecho muy feliz el día de hoy, no necesito nada más.


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Esa noche tuve un sueño hermoso, caminando solo por el río llegué a esa pequeña bahía. Era todo igual, el mismo escenario, pero no había luces en el agua. A la entrada de la bahía se encontraba un bote de remos, de aspecto rustico; la madera de la cual estaba fabricado parecía muy fina, dura y pesada; El bote aunque no muy grande, daba la impresión de soportar grandes cargas. Me dirigí hacía él, lo abordé y comencé a remar; pronto la corriente del río comenzó a jalarme, con los remos evitaba chocar con la orilla. El recorrido parecía interminable, a veces me encontraba con claros iluminados, en otras los árboles tupidos de hojas no dejaban el paso del sol, de pronto el río se volvía salvaje y en otro momento tranquilo. El viaje por el río se volvió tan largo como una vida, hasta que una luz marcaba el final del río. Entré a un gran mar; no, era un océano; no, ni mar ni océano, era la misma inmensidad.
Me fui adentrando cada vez más en ese gran mar infinito, iluminado por una especie de sol gigante; el agua de ese mar era como cristal líquido y no se veía que tuviera fondo. El sol que iluminaba todo, a cada momento se hacía más y más grande, hasta que, simplemente todo estaba iluminado; Era como un hermoso día soleado, pero ya sin sol, era que ya estaba dentro de la misma luz.

– ¿Te gustaron las luces en el agua? – una voz que venía de todas partes me preguntó, era una voz que no se me hizo desconocida, aunque jamás la hubiese escuchado.
– ¡Si, me gustaron mucho! – le respondí de una forma tan familiar, sin temor – ¿eran tus ángeles? – le pregunté, está vez sí con algo de temor a equivocarme
– Yo prefiero llamarlos, mis mensajeros, me gusta hablar claro. Por cierto, ¿qué te dijeron?
– Nada, no dijeron nada, solo sentí cosas.
– Es la manera en la que ellos se comunican, por medio de los sentimientos, ¿qué te dijeron? – volvió a preguntar.
– Me dijeron que algo para mí tenían, una gran responsabilidad, la responsabilidad de dar felicidad a la gente que me rodea.
– Por eso tu corazón comenzó a latir fuertemente, ¿crees que es una gran carga?
– También me dijeron que esa responsabilidad se me había dado, porque Tú creías que yo podía soportarla.
– Y eso te llenó de felicidad, cuéntame más.
– Que tus bendiciones acompañan solo a los humildes.
– Sentiste paz en ese momento.
– Y me siento en gran paz ahora, sé que estoy durmiendo Señor, ya no quisiera despertar más, me gusta este lugar, pero es tu voluntad sobre la mía.
– Eres un retoño todavía, con el tiempo serás el árbol que sostenga a una nueva generación y no tan solo eso, harás cosas grandes, solo necesitas poner siempre atención a mis mensajeros. Duerme ahora, descansa.

En ese momento una inmensa tranquilidad invadió mi corazón y no supe de mí en muchos tiempos. Cuando desperté, ya había amanecido, de hecho era ya tarde. Me vestí y fui a la cocina, solo estaba mi abuela y me dijo que ya todos se habían desayunado; me sirvió pan y leche. Mientras me desayunaba, entro mi abuelo, me abrazo y me dijo:

– Buenos días mi pequeño retoño de roble, espero que hayas disfrutado el paseo en el río – dándole un tono adecuado a sus palabras, comprendí que el abuelo no se refería al paseo de ayer con todos los primos.
– ¡Lo disfruté, abuelo, lo disfruté! – abracé fuertemente al abuelo, lo besé y con una lagrima le agradecí que siempre estuviese atento a lo que su corazón le dictaba.

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Mis padres y yo, pasamos la navidad y el año nuevo en casa del abuelo; todo, fue fiesta y felicidad; Recibí regalos de los abuelos y de los tíos, aunque no los necesitaba y di gracias a Dios por eso.

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