ARTEMIO ESTRELLA

quo vadis?

Soberbía y arrogancia

Publicado por Artemio Estrella on Febrero 20, 2008

SoberbiaMe he considerado siempre como una persona racionalista. Trato de comprender las cosas desde un punto de vista racional y objetivo, aunque no se puede ser 100% objetivo, lo sé. Tal cosa me ha llevado a sentirme orgulloso de mí, lo que tal vez para muchos sea algo negativo, para mí es algo positivo y es a lo que yo llamo orgullo racional.

¿Por qué no sentirme bien con mi forma de pensar y de ver las cosas?, además ¿por qué no creer, desde un punto de vista racional, que yo estoy bien y otros no tanto, y sentirme orgulloso de eso?

Claro, siempre respetando el libre pensar de los demás.

Pero hay un quiebre, no puedo tener la razón siempre, por lo mismo que no puedo ser objetivo al 100%. Mi razonamiento, por más que intente ser objetivo, está contaminado por mis subjetividades o paradigmas.

En ocasiones y sin darme cuenta caigo en una soberbía u orgullo irracional y me vuelvo arrogante. Creo yo que hay dos tipos de arrogantes: el arrogante emocional, que generalmente basa todos sus argumentos en los sentimientos propios y de la gente; y el arrogante racional, que a pesar de ser racionalista, cae en la arrogancia por no evaluar todos los elementos de una situación y se cierra en sus propias conclusiones. Ambos tipos de arrogante (de los cuales, suelo caer en el segundo) son igual de malos, pues la arrogancia lleva a malas decisiones y puede perjudicar a terceras personas.

Con todo esto me doy cuenta, a veces, que no puedo cuestionar todo, a menos de que sea algo que comprenda. Si es algo que no comprendo, pues entonces es mi responsabilidad enterarme de la mayor parte posible y no solo quedarme con un reducido scope.

Incluso pienso que hay situaciones que pueden estar fuera de nuestra comprensión. Vale la pena preguntarnos: ¿por qué él o ella piensan diferente que yo?; ¿qué están viendo que yo no veo?; ¿puedo llegar a comprender lo que ellos ven?

Es aquí donde digo “no solo de racionalismo vive el hombre, sino de toda idea difusa que nace del romantisismo”. Si no lo comprendemos, hay que dejar las “puñetas mentales” a un lado y abrir paso a la experimentación; pues cuando el racionalismo no da más, esto solo genera arrogancia.

La experimentación de lo incoprensible, no por racional, solo por romance, nos abre paso a un nuevo racionalismo. Por lo que concluyo que no hay racionalismo sin romantisismo.

Hay que procurar el orgullo sin arrogancia.

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