¿Qué son más fuertes? ¿nuestros instintos básicos o nuestros preceptos morales?
Creo firmemente que los cambios evolutivos en cualquier ser vivo parten de necesidades muy básicas. El sexo es una de esas necesidades que de ninguna manera escapa a las leyes de la evolución.
Este post, de ninguna manera pretende ser una evaluación científica sobre la evolución de la sexualidad entre hombres y mujeres, tan solo es una opinión y una reflexión basada en lecturas y estudios que he hecho, vaya, es lo que se puede llegar a pensar mientras se está atrapado en medio del tráfico de la ciudad.
Los inicios del placer sexual humano
Hace no mucho tiempo, vi –tal vez en Discovery Channel– un documental sobre chimpancés, vistos desde el punto de vista de la evolución de la inteligencia. Uno de los casos de estudio que mostraron, fue que el sistema social de los chimpancés se basa en clanes, comandados por un macho alfa, el cual se encarga de copular con todas las hembras para “garantizar” que las siguientes generaciones sean las más fuertes. Sin embargo, dentro del clan había grupos de chimpancés beta (machos menos fuertes), que no tenías el privilegio de diseminar su semen entre las hembras del clan; sin embargo se las arreglaban; unos de los machos beta distraía al macho alfa, mientras los demás machos beta copulaban con las hembras del clan. Sin duda, los machos beta eran más inteligentes que el macho alfa.
Se dice que no todos los animales experimentan placer sexual, me pregunto ¿qué tan ligada está la inteligencia con la búsqueda del placer sexual? o ¿en qué momento la necesidad de procreación se combinó con obtener un placer sexual?
Creo que el placer sexual no nació como consecuencia directa de la relación sexual. Tal vez los primeros placeres que experimentó el ser humano con respecto al sexo, estaban más relacionados con el éxito que con el acto sexual per se. Dicho de otra forma, los primeros homo o primeros hombres experimentaban el éxito de la cópula, pues para llegar a copular, primero había que vencer a los adversarios. Las leyes evolutivas –creo yo– llevaron a crear una relación directa entre el éxito por la supremacía y el placer sexual, naciendo así el orgasmo. Una analogía de un placer indirecto, se ve en los partidos de fútbol; un jugador de fútbol que mete un gol, siente placer, pero el placer experimentado es causa del éxito y no por el simple hecho de meter gol.
¿Y qué hay de las mujeres?, existen hipótesis que hablan de otro tipo de búsqueda del éxito en las mujeres. Mientras el hombre buscaba copular con un número mayor de mujeres; la mujer comenzó a buscar una pareja estable, para enfocarse en sus propios hijos y no en todos los hijos de un clan. Era necesario entonces, tener la capacidad de copular tantas veces el hombre lo deseara; lograrlo se convertía en un éxito, pues así tendría un hombre para si misma.
No importa saber quién fue el primer género (hombre o mujer) en experimentar del placer de un orgasmo. Lo importante es lo maravilloso de tal habilidad y las posibilidades que de ella emanan.
No por nada, algunos estudios antropológicos han mostrado que nuestros antepasados rendían culto a la fertilidad. La fertilidad se volvió objeto de festejos y veneración. Nuestros antepasados celebraban la sexualidad, no había nada oculto, nada inmoral, nada de que avergonzarse. Las fiestas de la fertilidad, eran –y para muchos siguen siendo– la forma de darle gracias a la vida. ¡A lo que nos puede llevar un orgasmo!
10,000 años de moralidad
La especie humana tuvo la oportunidad de experimentar un cambio evolutivo, la habilidad de experimentar placer sexual, hoy conocido como orgasmo, y también la habilidad de poder experimentarlo con fines de placer, no siempre reproductivos.
Estos cambios evolutivos que modificaron nuestros instintos básicos (de la sola reproducción a la del placer sexual) le llevaron al hombre cientos de miles de años. Al pasar los años, llega el ser humano a un nivel de desarrollo tal, que logra modificar su medio ambiente.
Hace aproximadamente 10,000 años, el ser humano descubre la agricultura y la ganadería, generando con ello la cultura sedentaria y la concentración de poblaciones. Nacen también las artes, la escritura, una mayor explotación del conocimiento y el control centralizado (sacerdotes, lideres, reyes)
Las primeras leyes humanas fueron de índole religioso, las cuales se plasmaron en tablas de piedra (¿alguien recuerda a Moisés?). Era de esperar que la sexualidad resultara legislada. La búsqueda del placer sexual rebasó en muchos sentidos a la práctica del sexo reproductivo (no, no nos espantemos, esto ya ocurría desde hace unos cuantos milenios). El problema no era tener sexo por placer, sino sus consecuencias: niños y mujeres abandonadas. Un claro problema social.
Pero las leyes de convivencia se convirtieron en tradición, para después convertirse en un lastre moral. Dicha moral ya no busca prevenir el problema de fondo que era proteger a las mujeres y a los niños, o darle garantías al hombre o mujer de que su pareja no va a tener hijos con otra persona (el principio del adulterio), no, la moral actual solo juzga el hecho y no sus consecuencias.
Instinto vs Moral
El resultado, es que 10,000 años de moral no pueden contrarrestar a cientos de miles de años de instintos.
La sociedad hoy día sigue buscando placeres sexuales. Las leyes morales son como una olla de presión que no permite darle rienda suelta a los instintos.
¿Qué pasa cuando la presión instintiva escapa frente a la ley moral?, simplemente me hacen falta manos para poder contar los centros de prostitución que hay en mi ciudad, pornografía en cualquier esquina y en Internet, violaciones, tráfico de menores.
¿Moral o Instinto?
No, la moral no parece funcionar del todo. ¿Debemos arrojarnos a nuestros instintos sexuales? o mejor aún, ir por la tercera vía:
- Comunicación con nuestra pareja. Es vergonzoso que hoy día existan parejas que no disfrutan del sexo, porque “el sexo es solo para reproducción”. Existen mujeres que no sugieren nada sexual a sus maridos por miedo a parecer putas. ¡Hay maridos que no le dan todo el placer a sus esposas, porque no les vaya a gustar el sexo y se busquen a otro que les de más!
- Comunicación con nuestros hijos. Si bien, muchos no aceptamos la idea de que nuestros hijos experimenten libremente su sexualidad, aún así hay que hablar con ellos y platicar sobre los métodos anticonceptivos, y sobre una sexualidad responsable.
- Conocernos a nosotros mismos. Cómo saber qué es lo que nos gusta, sino nos conocemos o si no permitimos a nuestra pareja que nos conozca. Conocer nuestro cuerpo, no avergonzarnos de nosotros mismos o de nuestras reacciones sexuales es primordial para un desarrollo sexual sano.
Tal vez dejarnos llevar por nuestros instintos de hace cientos de millones de años no sea la clave, pero tampoco dejarnos influir por preceptos morales de hace 10,000 años suena bien. Teniendo sexo con sentido común, encontrando lo benéfico para nosotros sin llegar a perjudicar a nadie, tal vez esa sea la clave de una saludable sexualidad, de tal manera que hagamos de este regalo de la evolución, algo que valga la pena disfrutar.